Enero 29, 2009

Honey, c’est fini

Me cansé
del trajín de los caínes y los abeles,
con lo que eso duele,
tanto por hacer,
me cansé,
del budismo zen de la tele,
de los desamores que huelen.

Inicio sesión en el msn. Tomo un poco de café y me dispongo a revisar mis correos cuando, en el extremo derecho de la pantalla, una ventanita messengeriana comienza a titilar

Él: ey! No te había podido agradecer lo del lunes

(el lunes no trabajé y lo acompañe a Guarenas a buscar unos papeles en un consultorio)

Yo: hola. Tranquilo. :)

E: y además la pasé buenísimo contigo

(Almorzamos, compramos libros, cenamos)

Y: ah sí, yo también disfrute bastante.

E: mira, qué te pasa?

Y: a mi?

E: a ti

Y: nada, a ti te pasa algo?

E: no, pero a ti sí

Y: si tú lo dices

E: ves? Algo te pasa. Dime

Y: la verdad?

E: pues claro. Yo siempre he sido sincero contigo no?

Y: ujúm.

(diez minutos sin escribir)

E: entonces? Me vas a decir qué te pasa?

Y: me pasas tú. Todos estos días lo que me pasa eres tú. Porque es que no te entiendo y no sé qué es esto. Me pasa que no me cabe en la cabeza cómo puedes compartir conmigo si no quieres estar conmigo. Eso me pasa.

E: bueno… es que no hay que ser radicales, sabes? Es decir, tú me encantas, eres una tipa inteligente y bella y me gusta estar contigo.

Y: ajá

E: y bueno, nos va bien en todo lo que hacemos no? por eso quiero seguir siendo tu amigo. Pero si te vas a enrollar por eso, te dejo tranquila.

Y:  me dejas tranquila? Yo me enrollo? No, yo no me enrollo. Yo sólo te pregunto, porque no me explico cómo es que terminas conmigo pero quieres seguir viéndome. Yo no me enrolló, yo estoy bien clara.

E: clara? y entonces por qué me acompañaste el lunes?

Y: porque no tenía más nada que hacer y me invitaste a comer.

E: yo quería verte

Y: y me viste. Entonces según tú, yo soy una enrollada porque tengo esa duda. Duda que además sigue allí mismo.

E: lo que pasa..

(borra y vuelve a escribir)

E: lo que pasa es que estoy saliendo con otra

Y: ok. Eso lo sabía. No porque la conozca sino porque es obvio. Lo usual es que en el momento en que comienzas a salir con otra persona dejes de ver a quien dejaste.  O me equivoco?

E: bueno pero es que es distinto

Y: o me equivoco?

E: no, no te equivocas, pero es que es distinto. Tú eres bella, inteligente y me gusta estar contigo , pero ella está más buena que tú.

Y: ok.

E: no te importa?

Y: debería?

E: no sé, pensé que te arrecharías.

Y: no querido, después de una decepción, la arrechera no tiene cabida.

(aunque en realidad estoy buscando una maldición gitana para que cada vez que esté con otra le duela su “joya”)

Enero 20, 2009

Aves de paso

“Alumbraron el amanecer muertos de frío
Se arroparon con la sensatez del desvarío
tuyo y mío de vuelta al hogar
qué vacío deja la ansiedad
qué vergüenza tendrán sus papás”.
JS

No pude seguir escondiendo mi naturaleza de protagonista de una serie en prime time. Me desboqué contigo porque yo soy así, un tanto enloquecida y paranoica.

Y así me aceptaste gustoso. No te importaron mis mensajitos a las 3am en los que con lágrimas en los ojos y unos tragos de más te decia que eras un egoista.  Poco le paraste a mis no-me-busques-más-nunca-en-tu-pu**-vida, porque sabías que eran mentira.

Como ves, no soy prudente ni paciente, y mi amor mucho menos. Y así aprendiste a quererme.

Ir, venir, comer, bailar, besar, sentir.

Perfectos desconocidos a conocidos imperfectos.

Y así, tu actor, yo drama queen, fuimos felices, hasta que cancelé la temporada y se acabó la obra, porque es que yo quiero una relación, y tu un “culo”.

FIN

Diciembre 7, 2008

Es diciembre y está nevando

“Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren” JS

Estuve lejos por un tiempo, pero regresé, más viva que nunca, con muchas oportunidades en puerta y un equilibrio emocional que me sorprende.

Soy de las que cree que si somos personas muy buenas es porque tenemos un dark side muy malo, algo que de balance.

Y yo no soy muy buena, pero si existiera una escala donde 0 (cero) sería la maldad pura y 10 un puestito al lado de la madre Teresa de Calcuta, yo creo que tendría un 7.

Por esa razón, y para equilibrar mi personalidad, de vez en cuando sale a relucir mi yo emo/bipolar/psicótico y me convierto en una jealous/psycho/bitch capaz de hacer que hasta el vecino pida clemencia.

Las personas que me conocen saben que cualquier decisión que tome en la noche es totalmente impulsiva, casi siempre radical y algunas veces provoca una sensación de arrepentimiento.

Pero sucede que cuando he terminado con alguien SIEMPRE ha sido bajo la luz de la luna. Y algo que debo destacar es que ocurre en los momentos menos esperados; es decir, cuando vamos en el carro por la autopista escuchando a Calamaro y hablando de la obra de teatro que acabamos de ver, yo hago un alto y suelto la muletilla “nosequemepasaperonoquierovertemas”.

Y no es que no quiera ver más nunca a esa persona sino que en ese momento siento que no quiero verla más. Duh. Es triste, siempre hay lágrimas, gritos y esas cosas, pero ya al día siguiente me siento mejor, como si tuviese 5 kilos menos. Toda una modelo de Victoria’s secret. Pero lo peor, es que muchas veces me arrepiento de lo dicho y sigo actuando como si no hubiera dicho nada…

Soy impulsiva, ya lo sé. Y claro que me ha traído problemas, pero han sido menos los dolores de cabeza que las lágrimas derramadas, así que no creo que lo esté haciendo tan mal.

Sin embargo, estas últimas semanas ando controlándome un poco, porque estoy saliendo con alguien que detesta a las mujeres celosas, enrolladas y cuaimas, y aunque tarde o temprano se dará cuenta de que de verdad estoy tostada, quiero seguir jugando a que yo también odio a esas féminas intensísimas.

Así que estoy tratando de quererlo de forma más desencantada, más terrenal, más prudente, aunque sienta que pronto este temporal se va a convertir en una avalancha que se llevará lo que encuentre a su paso.

Noviembre 5, 2008

S.O.S

Estuve dos semanas en Buenos Aires. Hoy, estoy en crisis.

No soy bipolar ni tengo algún trastorno obsesivo compulsivo. No estoy medicada y nunca pensé ir a un psicólogo. Hasta hoy.

Necesito contarle mi vida a alguien que no me conozca y que no vaya a juzgarme, porque adentro tengo un nido de serpientes que no me he atrevido a matar.

Octubre 12, 2008

S.E.Ñ.A.L.E.S. Parte II

Si en las primeras salidas con un galan en potencia se me rompe/deshilacha/ensucia alguna prenda es una señal de que el romance no funcionará.

Y no se trata de que estoy mentalizada a que la relación no fluya. No. Es un guiño que la vida me hace para que esté pendiente de que lo que vendrá.

Dos ejemplos (de los varios que podría contar)

Tuve una relación hace algun tiempo con un chico que yo pensé sería the one. La primera vez que salimos, bañé, literalmente, con jugo de fresa la camisa blanca que llevaba puesta. ¿Mal presagio? No vale, es que soy torpe.

La primera vez que fuimos a bailar, “sin querer” rompió en dos una chaqueta de cuero roja que yo había llevado. ¿Cómo hizo? No lo sé.  Lo cierto es que hasta ese día pude ponermela y pues no hubo culpables, porque, imáginate, fue la pasión del momento.

La primera vez que fuimos a su casa me caí por unas escaleras segundos antes de entrar a su habitación. ¿Señal del destino? Noooo, que va. Es que en la noche no veo bien.

Lo cierto es que esa persona deshilachó/rompió y ensució parte de mi vida. Claro que ya lo superé. Pero no saben lo que costó. Es como cuando tienes una mancha de grasa o mostaza en la ropa y tienes que dejar la prenda en agua un fin entero. Así estuvo mi corazón por un tiempo, un año y un poquito más: en remojo.

Tiempo después, en julio de este año a decir verdad, comencé a salir con un músico bastante particular, como todos los músicos pues. En la primera salida perdí un zarcillo rosado, en la tercera salida boté un ganchito de pelo rosado, y la cuarta vez que nos vimos ENSUCIÓ mi sueter blanco. se acabó la fiesta. Más nunca.

Y puede que sean hechos aislados, que de verdad soy bastante desordenada y que dejo mis abrigos en cualquier sitio. Y quizás sea así, porque pierdo cosas a diario y no recuerdo donde dejo el celular. Pero me gusta pensar que la vida encontró una forma original de recordarme que los detalles de hoy, por más insignificantes que sean, son referentes a los tiempos que vendrán.

Octubre 10, 2008

S.E.Ñ.A.L.E.S. parte I

Ayer estaba averiguando sobre las posibilidades de irme el año que viene a Hungría. Viendo presupuestos y sacando cuentas. Además, hablaba con una amiga húngara que conocí cuando yo daba clases de español.

Lo cierto es que en determinado momento tuve un lapsus y no recordé cuál era la moneda de ese país (cosa terrible si tomamos en cuenta que mi papá es húngaro). Estuve toda la tarde pensando y pensando, renuente a buscar en google o a preguntar en casa.

Hoy, un amigo me envía un mensaje. Él nunca me escribe, pero hoy lo hizo. Tiene una duda, quiere saber cuál es la moneda de Hungría. Respondo el mensaje y le digo que es el florín húngaro, pero que también se utiliza el euro.

Así, sin querer, recordé lo que ayer me tenía intranquila. Y lo tomaré como una señal: que mi planificación para viajar a Budapest comienza con buen pie, que no debo dejar que la inflación y el trabajo mermen mi interés de irme el año que viene.

Y a todos nos pasa, todos los días nos llegan señales que nos alertan sobre nuestras posibles decisiones, pero son muy pocas las personas que se atreven a prestarles atención.

Siempre me he movido por los guiños y las corazonadas, y entiendo que alguien que lea este post piense que estoy tostada. Y sí, lo estoy. Y me encanta vivir así.

Octubre 10, 2008

I.- Pregunte, por favor

¿Cómo saber si el chico con el que sales no te considera un resuelve?

Septiembre 30, 2008

Carta de amor. Punto y seguido

      Me conoces. Cada día un poco más quizás, o por lo menos eso me gustaría. Sabes que me gusta escribir sobre cualquier cosa, que diariamente invento motivos para sonreír y para llorar, que creo que la guasacaca es el acompañante perfecto para todas las comidas, que pierdo todo y no me olvido de nada.
Pero hay algo que ignoras, algo superficial que hoy quiero confesarte: estoy aterrorizada.
Me altera y aterra presentarte mi letra, me avergüenza que la reconozcas. Y es que en varias oportunidades te he comentado que nunca ha sido bonita.
Te he repetido que no soy de esas que dejará el testamento escrito a mano. De hacerlo, sería un caos, nadie entendería mis garabatos y estoy segura de que hasta mis hijos me detestarían.
Te conté una vez, sentados en un café en Chacaito, que no podía convertirme en una mujer rica y famosa, que no podría firmar actas de independencia o tratados de paz porque mi caligrafía no era, ni será, digna de ser recordada.
Y es que mi trazo es poco comprensible, casi nervioso, etéreo. Como ves, muy parecido a lo que soy. Tan distinta a ti.
Sin embargo aquí me tienes, escribiéndote, y mis manos tiemblan porque quieren imitar el estilo palmer, pero es peor porque pensarás que garabateé las palabras estando epiléptica.
Y me causa pánico saber que tendrás que acostumbrarte a mi letra y que tendré que acostumbrarme a que me leas, porque desde hace meses sé, y lo digo con sinceridad, que quiero estampar mi rúbrica junto a la tuya hasta que esté viejita, porque quiero firmar tarjetas con tu apellido, regalarte mensajes todas las tardes.
Quiero una vida a tu lado, una vida contigo y conmigo, llena de defectos y de virtudes, más de defectos claro está. Porque tú, a diferencia de lo que crees, sacas a relucir lo peor de mí.
Sí, así como lo lees.
Cuando estás soy todo lo que detesto, una mujer insegura, torpe y hasta bruta.
Cuando estoy contigo se me enreda la lengua, las palabras no fluyen, se tropiezan entre ellas. Juro que se me olvida cómo conjugar verbos e invento palabras cual traductora chimba.
Cuando estamos, me convierto en una niña, ruborizada y con la mente en blanco.
Me aceleras el ritmo cardiaco, mi respiración se limita y comienzo a sudar como si hubiese caminado mucho, trotado toda la vida.
Me odio cuando estoy contigo porque mis cinco años de universidad se esconden detrás de mis piernas temblorosas, y mi experiencia queda resumida en una risa tonta, en un tartamudeo eterno. Quedo desnuda, inocente frente a ti. Y me odio.
No soy perfecta cuando te veo. Lo sabes, sé que lo sabes. Y te gusto, aun así te gusto.
A tu lado soy una estúpida, pero una bien enamorada. Y aun así me amas. Te lo agradezco. 
Tú perfecto, casi inalcanzable, codiciado.
Tú galán, salido de un sueño de niña, cotizado.
Tú Ken, yo lejos de ser Barbie. Perdida contigo, viviendo a tu lado cual ángel.
Y que me quieras así asimétrica, con mi letra fea, mis comentarios sin sentido y mi risa nerviosa, me hace amarte como lo hago.
Amarte defectuosamente, infinitamente.
                                                            Y dejé de amarlo y seguí viviendo

Septiembre 17, 2008

Vamos a jugar

Debo confesarme. Creo que interiormente lo he asimilado y ya es hora de decirlo: he procrastinado demasiado.
Y no es que he dejado de hacer reportajes o no he querido arreglar mi habitación o cambiar el color del estudio. No. He procrastinado parte de mi vida para cumplir con ciertas responsabilidades que vienen luego de cinco años de carrera, como trabajar y trabajar, por mencionar solo dos actividades.

Ya ha pasado un año y todo lo que dije que haría no está hecho, sigue en algo que llamo “periodo de construcción”, sólo porque no pierdo la esperanza y espero quiero arduamente realizar esas cosas que hace 365 días dije que haría.

Por lo que voy a comenzar una especie de juego que no sé muy bien de qué va, ni cuales son todas las reglas, pero sé que tiene una meta a la cual llegaré el próximo 19 de octubre.

¿Por qué esa fecha? pues porque necesito por lo menos dos días para planificar todo lo que pienso realizar.

Mi juego comienza el 19 de septiembre. Tendré un mes para hacer TODO lo que quise hacer en un año. 31 días para ejecutar mil actividades y además cumplir con mis trabajos en la oficina. Ah, y no vale sentirse cansada, ni levantarse luego de las 8am, ni estar con pijama fuera de la cama.

Un mes que me propuse vivir como si el mundo se acabara el 20 de octubre, en el que despediré a esta loca y le daré la bienvenida a otra.

Septiembre 10, 2008

Del adormecimiento del corazón

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra. JS

No me gusta la política. Miento, la política me divierte, pero detesto a Chávez. Y por mi trabajo lo escucho varias veces a la semana o, como hoy, varias al día.

Todo comenzó cuando a mi jefe le dio por delegar. Una mañana cuando entró a mi oficina me dijo con su tonito italo-venezolano-argentino-borracho: Ay, mirá quién comenzó a hablar. Ahí te lo dejo, de ahora en adelante ese peluche es todo tusho :S:S:S. Sólo faltó que dijera ¡Feliz Navidad!

De eso, casi cuatro meses. Y en realidad ya no me importa mucho, mi cerebro ha desarrollado un mecanismo de autoprotección. Es como si tuviese una hormona que secretara cortisona o éter, no sé, algo que me anestesia los sentimientos y puedo oirlo sin sentir odio o pena ajena. Me limito a hacer mi trabajo: escucharlo, sacar noticias y escribir como demonia.

También, por mi trabajo he tenido que hacer de tripas corazón y leer, escuchar y escribir, como si nada, sobre muertes, secuestros y accidentes.

Cada día que pasa es más fácil. Ya tengo casi un año acá y he aprendido bastante sobre temas que poco me interesan. Petróleo, energía, economía, por decir algunos.

Me dedico a lo que nunca pensé que haría y no me va mal. Puedo decir que me gusta lo que hago sólo porque tengo otras actividades que de verdad me llenan, como dar algunas clases, hacer yoga y sentarme en sitios rodeados de grama de vez en cuando.

He adornado mi oficina para hacerla más “sensible”, que si un incienso por acá, un cuadrito por allí, una matita y un fondo de pantalla con una gran palmera que dice Breathe in (cortesía de Mimou).

Sin embargo todos los días muero un poquito. Bueno no la yo externa, si no la que vive dentro, porque se ha acostumbrado a no sentir lo que sucede y eso es terrible.

¡Qué pecado es la costumbre! Dejamos de sentir las cosas que vemos a diario. Es como el trillado ejemplo de extrañar el Ávila una vez fuera de Ccs. Y yo no quiero, me rehuso a ser una periodista capaz de escribir sobre muertes y no horrorizarse. Me niego a dejar de llorar cada vez que leo el periódico. Ay, y es que no quiero, no quiero dejar de sentir la realidad, porque me pierdo.