Febrero provocador

Cosas buenas vienen en camino. Lo  sé. Lo presiento. Claro, a veces me desespero y pienso que lo interesante, lo bonito, perdió el vuelo y tendré que esperar al mes que viene a ver si llega.

Pero puedo dar un indicio de lo que se aproxima: El lunes me teñí el cabello. Tenía un año sin hacerlo… y es que sólo lo hago justo después de sufrir una decepción amorosa, léase: descubro que duermo con el enemigo, por así decirlo.

Entonces, el darme cuenta de que mi cabello cambio de color sin tener que derramar unas cuantas lágrimas antes me hace pensar que una revolución se avecina.

Y aquí estoy, lista para la batalla… espero.

Enero fue un mes de preparación para mi febrero provocador. Porque sí, he decidido que febrero, el mal llamado mes del amor (mal llamado porque es el mes que menos me gusta) será provocador. Calurosamente provocador. Disfrazadamente provocador.

Inscripciones en nuevas cosas, primeras clases, saludar a extraños y contarle mi vida a quienes nunca la han escuchado me emociona tanto. Pronto, muy pronto, tendré algo que me apasione, algo que me provoque hacer.

Y es que cada vez que me presentan a un desconocido creo tener la posibilidad de hacer mi vida distinta, de ceder a algunos impulsos y vivir insurgentemente, rebeldemente.

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