I’m so addicted

Nunca se desprende uno de lo que le pertenece, aunque lo tire o lo regale.
Johann Wolfgang Goethe

Tengo un problema. Es triste saberlo, pero más triste es descubrirlo mientras veía una serie de tv, una de mis favoritas por cierto.

En el capítulo de hoy, uno de los protagonistas llegó a la siguiente conclusión: es preferible seguir en una relación, aunque sea dolorosa para él (por motivos que no vienen al caso), a sufrir luego porque ya no está con la tipa.

Al principio me sonó ilógico. ¿Qué sentido tiene seguir con algo que hace daño? No mucho a mi parecer. Y  muchas veces allí estamos, pegados al celular a ver si llaman o envían un mensaje.

Seguí viendo la serie como si nada, pero había algo que no me dejaba continuar leyendo los subtítulos, un sustico que hacía que la imagen del hombre diciendo eso estuviese estacionada en mi cabeza, que se repetía una, dos y diez veces.

Y sin saber cómo me comencé a sentir ansiosa y mis ojos se hicieron pesados… y me dolían. No quería pestañear porque estaba segura de que una lágrima inoportuna estaba a punto de salir y conocer al mundo. En segundos empecé a ver borroso, a no distinguir la pantalla. Supe que, poco a poco, la gota de agua salada se hacía más pesada, que quería salir. Y salió. Tan irrevente ella que se fue sin permiso, aun cuando mi cabeza miraba al techo en señal de resistencia.

Salió y una luz iluminó mis pensamientos. ¡Qué manera de comprenderlo todo!

Estoy en un círculo vicioso, que nada bueno puede traerme y del cual no sé si quiera salir. Y no soy tonta, sé cuánto daño me hace y sé cuánto más puede dolerme, pero la verdad es que no hago nada para moverme. Debería gritar como loca y correr con los brazos abiertos, pero no. No hago nada para salir de allí, para cerrar la puerta y dejar a quienes me envician encerrados en cuatro paredes.

Es posible que no noten mi ausencia, que crean que solo fui al baño y que volveré, como siempre he hecho, luego de hacer pipi. Lo que me asusta es que es posible que tengan razón y que sin darme cuenta me vea entrando de nuevo al cuarto del horror, como si no hubiese pasado nada. Yo, caminando por la habitación, porque no puedo alejarme, porque soy adicta a ellos.

La verdad es que no sé si a todos, pero adicta a uno sí soy. Estoy aficionada, desmedidamente, a una persona. No sé cómo separarme de ella, cómo estar lejos, darle la espalda y dejarla hablando sola. No sé decirle no, no sé decirle nada.  

Siempre quiero saber más, estar más, sentir más. Y no tengo fuerza de voluntad para dejarla, a pesar de saber que no me conviene tenerla cerca.

Me pican las manos porque quiero escribirle, porque tengo necesidad de saber qué hace.

He borrado su numero de celular no recuerdo cuántas veces, y no sé cómo pero siempre la tengo en la memoria del teléfono. A veces me digo que es brujería, que no puedo hacer nada, que es un rollo karmático. A veces busco excusas, cualquier cosa para no ser yo la responsable, la que sigue allí.

Y aquí estoy cual drogadicto, pasando el mono, sudando frío porque quiero darle enter a su nombre, ansiosa porque quiero que la pantalla de mi celular se encienda, prometiendo que mañana lo dejaré, que esta vez sí, que mañana comienzo sin él.

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