Una muerte anunciada

Viernes. 00 horas. La llamada que no quería hacer y que hice. De las Mercedes fui directo a tu casa. En 20 minutos, tal y como te había dicho.

00.20 y abriste la puerta. Dejé media botella de smirnoff ice en la entrada, escondida en la gramita. Tú sabes, de recuerdo.

Subimos. Nos sentamos en el mueble de siempre, yo de espaldas al televisor y tú dándole la cara. Todo estaba igual, sólo que ahora la temperatura entre nosotros había bajado, literalmente, y es que antes no había aire acondicionado en esa sala.

No sé si eran los tragos de más o el reflejo del televisor, pero te veía bellísimo, con tu camisa a botones, tus converse raros y tu suéter color naranja, que para mí era rosa viejo. Tenía meses sin verte así, sin recordarte así.

Bajaste volumen al televisor y me preguntaste el motivo de mi visita nocturna. Tartamudeé y lamenté arruinar tus ilusiones, pero no podía mentirte. Fui a tu casa a dejarte.

Dije todo lo que sentía y lo que quería. No te juzgué, ni quise disculparte, aun cuando pediste perdón tantas veces que la palabra dejó de tener sentido. Y no lo hice porque, de verdad, no tenía nuevos motivos para ser indulgente contigo. Ya lo he sido demasiado.

Hablé. Hablé hasta quedarme sin ganas de decirte más cosas. Hablé mientras tú me mirabas como lo haces y te referías a ti en tercera persona.

Hiciste un par de bromas, me reí, agarré mi bolso y mi celular.  Me acompañaste hasta la puerta e iniciaste una nueva conversación que no logro recordar (que de verdad no recuerdo). Y antes de irme te pregunté por el plan. Quería que lo repitieras, que lo grabaras en tu memoria.

Bajaste la mirada unos segundos y luego dijiste: el plan es que no me buscarás más, que no quieres saber más de mí. Sonreí y afirmé con la cabeza. Me diste un beso en la mejilla y nos dijimos adiós.

Y así, sin gritos, lágrimas o golpes, se terminó esta temporada. Así, surrealista y onírico como mi vida, te dejé.  

Y es la primera vez, desde que te conozco, que te digo adiós sin arrepentimientos y, aunque no sé por cuánto tiempo estaremos separados, celebro mi decisión porque  hoy amanecí con el corazón gigante.

Este adiós no maquilla un hasta luego/Este nunca no esconde un ojalá/Estas cenizas no juegan con fuego/Este ciego no mira para atrás/Este notario firma lo que escribo/Esta letra no la protestaré/
Ahórrate el acuse de recibo/Estas vísperas son las de después/A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre/un corazón podrido de latir/Este pez ya no muere por tu boca/Este loco se va con otra loca/Estos ojos no lloran más por ti.  JS

 

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Una muerte anunciada

  1. Nena

    A los hombres prohibidos, dañinos, no convenientes, y afines, es mejor quererlos así : de lejos. Sin ver por el retrovisor cuando comienzas a poner distancia de por medio

  2. Nena

    A los hombres prohibidos, dañinos, no convenientes, y afines, es mejor quererlos así : de lejos. Sin ver por el retrovisor cuando comienzas a poner distancia de por medio.
    Que al caminar, en tu huída, levantes suficiente tierra como para que quede tapiado,puedas pasar por la misma calle y tomar una smirnoff sin evocar ni un sólo ratico de los pocos que te dio.

  3. El titulo de tu blog como anillo al dedo, “No eres tu, soy yo”, aunque según entendí esta vez era el y se lo dijiste, sin mas ni menos.

    Por cierto eso de que las frases “Perdón”, “Lo siento”, después de escucharla tan seguido y de la misma persona pierde su valor como tal. Ahh muy buen final, no por algo del gran maestro.

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