Del adormecimiento del corazón

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra. JS

No me gusta la política. Miento, la política me divierte, pero detesto a Chávez. Y por mi trabajo lo escucho varias veces a la semana o, como hoy, varias al día.

Todo comenzó cuando a mi jefe le dio por delegar. Una mañana cuando entró a mi oficina me dijo con su tonito italo-venezolano-argentino-borracho: Ay, mirá quién comenzó a hablar. Ahí te lo dejo, de ahora en adelante ese peluche es todo tusho :S:S:S. Sólo faltó que dijera ¡Feliz Navidad!

De eso, casi cuatro meses. Y en realidad ya no me importa mucho, mi cerebro ha desarrollado un mecanismo de autoprotección. Es como si tuviese una hormona que secretara cortisona o éter, no sé, algo que me anestesia los sentimientos y puedo oirlo sin sentir odio o pena ajena. Me limito a hacer mi trabajo: escucharlo, sacar noticias y escribir como demonia.

También, por mi trabajo he tenido que hacer de tripas corazón y leer, escuchar y escribir, como si nada, sobre muertes, secuestros y accidentes.

Cada día que pasa es más fácil. Ya tengo casi un año acá y he aprendido bastante sobre temas que poco me interesan. Petróleo, energía, economía, por decir algunos.

Me dedico a lo que nunca pensé que haría y no me va mal. Puedo decir que me gusta lo que hago sólo porque tengo otras actividades que de verdad me llenan, como dar algunas clases, hacer yoga y sentarme en sitios rodeados de grama de vez en cuando.

He adornado mi oficina para hacerla más “sensible”, que si un incienso por acá, un cuadrito por allí, una matita y un fondo de pantalla con una gran palmera que dice Breathe in (cortesía de Mimou).

Sin embargo todos los días muero un poquito. Bueno no la yo externa, si no la que vive dentro, porque se ha acostumbrado a no sentir lo que sucede y eso es terrible.

¡Qué pecado es la costumbre! Dejamos de sentir las cosas que vemos a diario. Es como el trillado ejemplo de extrañar el Ávila una vez fuera de Ccs. Y yo no quiero, me rehuso a ser una periodista capaz de escribir sobre muertes y no horrorizarse. Me niego a dejar de llorar cada vez que leo el periódico. Ay, y es que no quiero, no quiero dejar de sentir la realidad, porque me pierdo.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo General

Una respuesta a “Del adormecimiento del corazón

  1. Uno como periodista tiende a perder sensibilidad, y no me refiero a la de tipo fisíco sino a la de tipo emocional. Aprendemos a torear con las desgracias de los demás para poder sacar la “noticia”, plasmarla en un papel y sali corriendo a casa, antes de que el olor a muerte y verguenza se te quede pegado en la ropa.
    Estas son las situaciones que no te explican en la escuela de periodismo, donde creemos más allá de lo que sabemos. Por mi parte, adoro esta profesión. Te puede brindar momentos muy crudos e inhumanos, pero las gratificaciones que te ofrece después de hacer un buen trabajo son revitalizantes; la idea está en no desconectarse, sino ver que se puede aprender dentro de las adversidades. Con pluma y libreta como únicas herramientas.

    Jefferson.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s