Carta de amor. Punto y seguido

      Me conoces. Cada día un poco más quizás, o por lo menos eso me gustaría. Sabes que me gusta escribir sobre cualquier cosa, que diariamente invento motivos para sonreír y para llorar, que creo que la guasacaca es el acompañante perfecto para todas las comidas, que pierdo todo y no me olvido de nada.
Pero hay algo que ignoras, algo superficial que hoy quiero confesarte: estoy aterrorizada.
Me altera y aterra presentarte mi letra, me avergüenza que la reconozcas. Y es que en varias oportunidades te he comentado que nunca ha sido bonita.
Te he repetido que no soy de esas que dejará el testamento escrito a mano. De hacerlo, sería un caos, nadie entendería mis garabatos y estoy segura de que hasta mis hijos me detestarían.
Te conté una vez, sentados en un café en Chacaito, que no podía convertirme en una mujer rica y famosa, que no podría firmar actas de independencia o tratados de paz porque mi caligrafía no era, ni será, digna de ser recordada.
Y es que mi trazo es poco comprensible, casi nervioso, etéreo. Como ves, muy parecido a lo que soy. Tan distinta a ti.
Sin embargo aquí me tienes, escribiéndote, y mis manos tiemblan porque quieren imitar el estilo palmer, pero es peor porque pensarás que garabateé las palabras estando epiléptica.
Y me causa pánico saber que tendrás que acostumbrarte a mi letra y que tendré que acostumbrarme a que me leas, porque desde hace meses sé, y lo digo con sinceridad, que quiero estampar mi rúbrica junto a la tuya hasta que esté viejita, porque quiero firmar tarjetas con tu apellido, regalarte mensajes todas las tardes.
Quiero una vida a tu lado, una vida contigo y conmigo, llena de defectos y de virtudes, más de defectos claro está. Porque tú, a diferencia de lo que crees, sacas a relucir lo peor de mí.
Sí, así como lo lees.
Cuando estás soy todo lo que detesto, una mujer insegura, torpe y hasta bruta.
Cuando estoy contigo se me enreda la lengua, las palabras no fluyen, se tropiezan entre ellas. Juro que se me olvida cómo conjugar verbos e invento palabras cual traductora chimba.
Cuando estamos, me convierto en una niña, ruborizada y con la mente en blanco.
Me aceleras el ritmo cardiaco, mi respiración se limita y comienzo a sudar como si hubiese caminado mucho, trotado toda la vida.
Me odio cuando estoy contigo porque mis cinco años de universidad se esconden detrás de mis piernas temblorosas, y mi experiencia queda resumida en una risa tonta, en un tartamudeo eterno. Quedo desnuda, inocente frente a ti. Y me odio.
No soy perfecta cuando te veo. Lo sabes, sé que lo sabes. Y te gusto, aun así te gusto.
A tu lado soy una estúpida, pero una bien enamorada. Y aun así me amas. Te lo agradezco. 
Tú perfecto, casi inalcanzable, codiciado.
Tú galán, salido de un sueño de niña, cotizado.
Tú Ken, yo lejos de ser Barbie. Perdida contigo, viviendo a tu lado cual ángel.
Y que me quieras así asimétrica, con mi letra fea, mis comentarios sin sentido y mi risa nerviosa, me hace amarte como lo hago.
Amarte defectuosamente, infinitamente.
                                                            Y dejé de amarlo y seguí viviendo
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6 comentarios

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6 Respuestas a “Carta de amor. Punto y seguido

  1. Soyyonoerestu

    Oye! Gracias! 🙂

  2. Me encantó también… Genial!!

  3. Cesar

    Me encanto, y muy cierto la forma en que nuestro cerebro juega con nosotros….

  4. Anny

    Siento que me describes… muy bien!

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