S.E.Ñ.A.L.E.S. parte I

Ayer estaba averiguando sobre las posibilidades de irme el año que viene a Hungría. Viendo presupuestos y sacando cuentas. Además, hablaba con una amiga húngara que conocí cuando yo daba clases de español.

Lo cierto es que en determinado momento tuve un lapsus y no recordé cuál era la moneda de ese país (cosa terrible si tomamos en cuenta que mi papá es húngaro). Estuve toda la tarde pensando y pensando, renuente a buscar en google o a preguntar en casa.

Hoy, un amigo me envía un mensaje. Él nunca me escribe, pero hoy lo hizo. Tiene una duda, quiere saber cuál es la moneda de Hungría. Respondo el mensaje y le digo que es el florín húngaro, pero que también se utiliza el euro.

Así, sin querer, recordé lo que ayer me tenía intranquila. Y lo tomaré como una señal: que mi planificación para viajar a Budapest comienza con buen pie, que no debo dejar que la inflación y el trabajo mermen mi interés de irme el año que viene.

Y a todos nos pasa, todos los días nos llegan señales que nos alertan sobre nuestras posibles decisiones, pero son muy pocas las personas que se atreven a prestarles atención.

Siempre me he movido por los guiños y las corazonadas, y entiendo que alguien que lea este post piense que estoy tostada. Y sí, lo estoy. Y me encanta vivir así.

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