Buena suerte y hasta luego

Y digo adiós, adiós, adiós,
cierro la maleta y pido
un taxi para la estación

Bye bye se acabó el recreo. Ya no más lugares comunes, contigo y conmigo. No más epítomes de la vida. Es que ya no estás, porque me fui y te dejé, como es costumbre en mí.

Y  me quedo con mis cartas, las que nunca jugué, y con aquellas que te robé una noche mientras dormías. Ojalá pudiera cambiarlas por dinero: sería rica y famosa. Y es que “este manicomio estaba lleno de problemas de fronteras”, porque yo quería ceder y tú  ya no esperabas más de mí.

Esta vez, no perdí nada. El tiempo, dinero, afición y casi devoción que te entregué en realidad me sobraban. Hoy estoy completa, tengo todas mis extremidades.

Y se acabó una noche y dormí tranquila.

Adios. No te pierdas, no me dejes, porque una cosa es saber que no estás conmigo y otra distinta no saber dónde estás.

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